El prime time también es nuestro
Desde los viajeros románticos del siglo XIX, desde la Carmen de Mérimée, desde la orientalización de Andalucía y la sinécdoque de tomar lo gitano como paradigma de lo andaluz, y lo andaluz como paradigma de lo español, el Pueblo Gitano ha sido símbolo y metáfora, mito y marca España; una construcción cultural utilizada tanto como inspiración estética como problema a resolver, e incluso como realidad a perseguir, pero muy pocas veces como sujeto en la mirada cultural.
La tensión entre símbolo y sujeto no es nueva y se hace especialmente visible cuando los gitanos y las gitanas accedemos a espacios de representación propios. En ese contexto se sitúa Gloria Bendita, el primer programa de nuestra televisión pública concebido desde una mirada gitana. Un espacio que no introduce únicamente un nuevo formato televisivo, sino una pregunta incómoda para el ecosistema mediático: quién puede hablar, desde dónde y qué ocurre cuando quienes han sido tradicionalmente objeto del relato pasan a ser sujetos del mismo.
Desde algunos medios de comunicación tradicionales, como el último artículo de opinión de Rebeca Argudo en ABC, la recepción que ha acompañado al programa no ha girado tanto en torno a su contenido como a su propia existencia. Y es aquí donde se hace evidente la persistencia de una incomodidad estructural. La dificultad para aceptar que el Pueblo Gitano pueda ocupar un espacio de enunciación propio en el espacio público sin que sea inmediatamente interpretado como excepcional, excesivo o incluso problemático. Que los gitanos podamos hablar entre nosotros de nuestras cosas en prime time en la televisión pública del país en el que llevamos exactamente 601 años, antes de que esto fuera un país. Que, por una vez, se desplace el lugar desde el que se ha construido durante siglos el relato del Pueblo Gitano.
Desde FAKALI invitamos a replantearnos qué se está haciendo mal para que la pujante juventud romaní, una generación sobradamente preparada, con conocimiento, narrativa, formación y ganas no sea reconocida ni valorada. Precisamente, entre los planteamientos del buen periodismo se halla la investigación y, a poder ser, objetiva. Y el hecho objetivo es que el Pueblo Gitano ha accedido por primera vez a ejercer de comunicador y en la misma parrilla que el resto, en igualdad de condiciones. Y si aquello de la igualdad no es del gusto de Rebeca, también podemos ofrecerle datos extraídos de los estudios del Consejo Audiovisual de Andalucía: la comunidad gitana representa el 1,5% de la población española y en torno al 6% en Andalucía. Su presencia en los informativos no se acerca a ninguna de esas cifras. La disparidad es demasiado evidente para ignorarla.
Son tiempos de pluralidad, radiografía de una España renovada, de cambios sustanciales. Y estas pequeñas conquistas son, también, historia de la televisión. Esperábamos las quejas, por supuesto. El odio hacia el Pueblo Gitano no es nuevo, lo conocemos bien. Pero también conocemos la calidad democrática a la que debemos aspirar. Y dentro de ella, a no conformarnos con las migajas comunicativas con las que históricamente, desde sofás ajenos, se nos ha analizado y maltratado sistemáticamente. Y no sólo eso, sino que, además, se nos ha despojado de nombres y apellidos. Al profesional gitano que participó en el programa, la articulista no le da nombre ni trayectoria: fue «un gitano que venía a hablar de apropiación cultural». Trabajador social, comunicador, escritor, investigador: todo eso desaparece para ella cuando eres gitano. Eso no es crítica televisiva. Es antigitanismo.
Y esto, de nuevo, es signo inequívoco de lo incómodo que se convierte el hecho de que, por primera vez, el Pueblo Gitano tenga un espacio propio en horario de máxima audiencia para hablar del país desde sus propios códigos. No solo pueden tenerlo los racistas recalcitrantes, con sus columnas de opinión incluidas. Que entiendan, porque el relato ha dejado de ser suyo, que Gloria Bendita no es una concesión. Es la normalidad que debería haber llegado antes. También los gitanos y las gitanas tenemos prime time.






