DUQUELAS ROMANÍS

El 30 de julio recordamos a las víctimas del Genocidio Gitano (Samudaripen) durante la II Guerra Mundial, y el 270 aniversario de la Gran Redada de Fernando VI

Los dantescos episodios que en estos días venimos a rememorar, como son el Samudaripen y la prisión general de gitanos por orden de Fernando VI, no son sólo dos fechas en el calendario. Se trata de dos momentos históricos que, a pesar de su trágico desenlace, deben seguir sirviéndonos de ejemplo a toda la sociedad, pues no sólo el Pueblo Romaní fue protagonista sin pretenderlo. Estas tristes efemérides implican a toda la sociedad, y en las espaldas de aquellos racistas recaen las muertes de miles de gitanos y gitanas inocentes que recibieron la embestida en forma de odio.

 

Las formas de expresión del racismo y más específicamente del antigitanismo suelen avivarse durante etapas históricas donde la economía sufre dificultades y la conflictividad social aumenta. La historia nos dice por ejemplo que cuando aparecen las primeras pragmáticas antigitanas en Medina del Campo, los Reyes Católicos tenían la intención de mostrar una imagen de dureza con el recién reconquistado territorio peninsular a los musulmanes. Con Fernando VI, hasta un año antes de la Gran Redada, España había estado involucrada en la Guerra de Sucesión Austriaca, lo que había provocado una fuerte inversión del erario público en gasto militar, del mismo modo se vivían años de desencuentro con la Iglesia Católica, que se solucionaron en el Concordato de 1753 (solo cuatro años después de la referida Gran Redada). Ya inmersos en el siglo XX, la crisis de entreguerras tras el "crack" de 1929, dio paso al empuje de ideologías totalitarias como el nazismo, que señalaron a las minorías étnicas, incluyendo a nuestro Pueblo, como responsables de los problemas económicos y sociales existentes en ese momento.

El Samudaripen (exterminio gitano), acaecido durante la II Guerra Mundial se convierte así en el perfecto ejemplo de aniquilación en masa de un pueblo, y su posterior intento de condena al olvido. Es por tanto en estas etapas de crisis cuando las voces del racismo, del odio al diferente vuelven a sonar con un eco atronador. La confusión entre la ciudadanía se acrecienta porque en muchos casos los propios líderes políticos corroboran los deseos de señalar a un pueblo o a una comunidad concreta como "enemigo a batir", convirtiéndolo en el chivo expiatorio de todos sus problemas.

Lejos de hacer de nuestra historia un discurso victimista, pues de otro modo negaríamos todas las luchas de nuestros antepasados que en ningún momento se dieron por vencidos, debemos tener presente que la historia, que se conforma como círculos concéntricos, tiene la habilidad de volver a repetir episodios pasados. Los ataques constantes a los monumentos que recuerdan a las víctimas gitanas del Holocausto nazi en Alemania o en Hungría, los pogromos en Ucrania, la multiplicación de guetos urbanos en los extrarradios de las distintas urbes, utilizando incluso muros para separar barrios romaníes en Europa, los mensajes de odio que constantemente lanza el vicepresidente italiano Matteo Salvini, o los muchos delitos de odio antigitanos que ocurren en varios puntos del mundo, con especial incidencia en esta vieja Europa, nos están advirtiendo que los dedos acusadores han vuelto, que no se esconden, y que lejos de alejarse, vuelven a estar tan vivos como antes.
 
España tampoco se queda atrás. El Observatorio contra la Discriminación de FAKALI ha contabilizado innumerables prácticas antigitanas a través de los medios de comunicación, cuyo poder de influencia en la sociedad a la hora de reflejar un modelo de realidad social sigue siendo muy importante. Hoy en día nuestro Pueblo sigue sufriendo discriminaciones y persecuciones en toda su extensión, por todo ello no debemos olvidar y tener presentes a nuestros antepasados que, haciendo gala de su inagotable espíritu de resistencia, hicieron frente a sus guardias nazis con lo que tenían en la mano para defenderse del cruel exterminio en las cámaras de gas. Siguiendo su ejemplo, debemos tener la misma fortaleza que mostraron pues se trata de nuestras vidas, de las vidas de nuestros hermanos y hermanas; por eso, aunque recordamos fechas tristes en esta historia de duquelas romanís, debemos seguir mostrando con orgullo nuestra bandera para que ondee los vientos hasta el cielo y riegue de libertad los campos, haciendo que nuestra rueda siga caminando en este largo camino de la vida.
 
Por todas las víctimas del Samudaripen y de la Gran Redada, más presentes que nunca.