La mirada gitana del 8M: ni permiso, ni perdón
No pedimos caridad. No pedimos paternalismo. Y, quizá, tampoco pedimos comprensión a quienes siguen observando la gitanidad desde los prejuicios de siempre.
Tampoco venimos a pedir perdón ni permiso.
Lo que pedimos es algo más sencillo y, a la vez, más profundo: otra mirada. Una mirada más amplia en este mes de la mujer y también, por qué no decirlo, durante todo el año.
Porque el feminismo, cuando es real, no es una pulsera, una camiseta o un eslogan de temporada. No son fotos, ni gestos simbólicos, ni una moda pasajera. El feminismo es una lucha por los derechos humanos. Y esa lucha solo es completa cuando todas las mujeres están dentro.
Pero tampoco es feminismo ese viejo modelo en el que se habla por nosotras en los espacios de poder mientras se nos presenta como víctimas eternas, como objetos que salvar o como realidades imposibles de comprender. Ese modelo que decide por nosotras, pero raramente nos escucha. Ese modelo que, todavía hoy, sigue presente incluso dentro de espacios que dicen defender la igualdad.
Por eso insistimos en algo fundamental: la mirada gitana en el 8M.
Una mirada que nace de nuestra propia experiencia. De nuestras familias. De nuestros barrios. De una historia marcada por el esfuerzo, la dignidad y la resistencia.
Es la mirada de nuestras abuelas, de nuestras madres y de nuestras tías. Mujeres que lucharon, muchas veces sin reconocimiento, por mejorar las condiciones de vida de sus familias y de toda la sociedad.
Ahí estaban aquellas cigarreras, que lideraron el primer movimiento sindical y feminista de Andalucía para reclamar salarios dignos y condiciones laborales más justas. Mujeres trabajadoras que abrieron camino hacia algo que hoy consideramos un derecho fundamental: la conciliación.
Venimos también de Pastora Imperio, una mujer que desafió a los poderes establecidos de su tiempo y alzó la voz para defender el derecho al voto de las mujeres.
Venimos de mujeres fuertes e indomables. Mujeres a las que muchas veces se ha mirado desde la distancia o la incomprensión, pero que han formado parte siempre de las luchas colectivas por la justicia social.
Porque la historia del feminismo también tiene raíces gitanas.
Por eso resulta incomprensible que, todavía hoy, haya quienes miren a las mujeres gitanas únicamente como víctimas. Como un objeto de estudio. Como si fuéramos las únicas atravesadas por el patriarcado o como si no fuéramos capaces de defender nuestros propios derechos.
Y lo que es aún más preocupante: seguimos estando ausentes en demasiados espacios de decisión, incluso en aquellos donde se habla de igualdad.
No puede haber un feminismo real mientras las mujeres gitanas sigamos apareciendo en porcentajes mínimos en las instituciones, en los espacios de representación o en los lugares donde se toman las decisiones que afectan a nuestras vidas.
Tampoco puede haber un feminismo completo si las culturas se utilizan como nuevas fronteras que separan, en lugar de puentes que enriquecen una sociedad plural.
Desde FAKALI lo decimos con claridad: queremos ser mujeres y gitanas con plena dignidad, sin más techo que el azul del cielo y el verde de los campos. Queremos ocupar los espacios que durante demasiado tiempo nos han sido negados.
Porque nuestras abuelas ya lo hicieron antes que nosotras. Porque nuestras madres también lo hicieron. Y porque hoy somos muchas las mujeres gitanas que seguimos avanzando con la misma determinación.
Sabemos bien de dónde venimos. Y sabemos también hacia dónde queremos ir.
Por eso defendemos un feminismo verdaderamente transversal. Un feminismo en el que las mujeres gitanas no seamos invitadas de excepción, sino parte esencial de la sociedad que estamos construyendo.
Ese es el compromiso que renovamos hoy.
Porque si el feminismo quiere ser una herramienta real de transformación, debe ser también antirracista, inclusivo y representativo de todas las mujeres.
Y por eso, hoy más que nunca, reivindicamos con orgullo la mirada gitana en el 8M.
¡Ya está aquí el feminismo romaní!
Opre Rromá
Opré Rromja






