Manifiesto FAKALI 8A 2026 «Memoria, patrimonio y futuro del Pueblo Gitano»

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Dicen los grandes investigadores que, tras siglos de opresión e intentos de asimilación cultural, poder hablar hoy de cultura gitana es, sencillamente, un milagro de supervivencia. Hablamos de una identidad que no se ha rendido; que ha atravesado fronteras, leyes y sistemas resistiendo al antigitanismo en todas sus formas. Una identidad que, con la cabeza alta, jamás ha aceptado esconder lo que es.

La identidad romaní no es una marca, ni un color, ni un solo día al año. Es el resultado de una construcción de siglos: un legado, un honor y una responsabilidad. Los gitanos y las gitanas de hoy recogemos ese testigo con orgullo, el que nos entregaron nuestros tíos y nuestras tías. Porque sin respeto a quienes nos precedieron no hay identidad posible. Sin su palabra, sin sus consejos y sin su ejemplo, no hay transmisión. Y sin transmisión, no hay pueblo.

Nuestra herencia no está escrita en los libros ni se mide en bienes materiales, pero tiene un valor incalculable. Se sostiene en la memoria compartida, en la familia y en una forma de entender la vida donde nadie se queda atrás. Por eso, cuando hoy la sociedad identifica la soledad no deseada como uno de sus grandes retos, nos interpela profundamente. Nos duele, porque somos parte de este mundo y compartimos sus mismas crisis; pero también sabemos que existen otras formas de habitar la sociedad: aquellas en las que las personas mayores no son una carga, sino el pilar; donde no se olvida, donde no se abandona y donde la experiencia se respeta como fuente de sabiduría.

Como pueblo joven, hijo de esta Europa envejecida y heredero de tradiciones en las que la vejez ocupa un lugar central, desde FAKALI queremos denunciar una realidad que no puede seguir siendo ignorada: la esperanza de vida del Pueblo Gitano continúa siendo hasta quince años menor que la del resto de la población europea. En España, seguimos perdiendo a nuestros mayores hasta diez años antes que el conjunto de la ciudadanía. Esta realidad no es casual: responde a una desigualdad estructural marcada por la pobreza, la exclusión social y las carencias persistentes en el acceso a derechos básicos.

Ante esta situación, reclamamos una atención específica y la continuidad de políticas sociales y culturales a la altura de un pueblo que sitúa a sus mayores como su bien más preciado. Del mismo modo, apelamos a la responsabilidad de los medios de comunicación. No pueden seguir construyendo relatos desde el prejuicio ni reproduciendo prácticas que perpetúan el antigitanismo. Es necesario abandonar enfoques simplistas y erróneos, como la reiterada atribución de un supuesto patriarcado gitano, y avanzar hacia una comunicación rigurosa, respetuosa y comprometida con la verdad. Porque el antigitanismo también se combate —y se perpetúa— a través de la palabra.

Nos unen más lazos de los que nos separan, especialmente cuando hablamos de valores universales como el respeto, la protección y la dignidad de la infancia y de las personas mayores. En ellos reside la base de cualquier sociedad justa. Somos el presente y el futuro de nuestra memoria y de nuestro patrimonio.

Opre Rromá! Opré Rromja! Arriba el Pueblo Gitano.