SI NO ESTÁ LO GITANO FALTAN CUERDAS A LA GUITARRA

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  • Invitamos a la reflexión de los organismos implicados en la promoción del Flamenco, pues no se entendería sin lo andaluz y por supuesto, sin lo gitano.

Hoy conmemoramos el décimo aniversario de la declaración del Flamenco como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco. Un hecho que refuerza y reivindica la importancia de esta forma de vivir, pues el Flamenco va más allá de una expresión artística. Es una cultura viva y que debemos mantener, pues en la memoria de muchos palos que componen el Flamenco está la historia del Pueblo Gitano.

Esta jornada por tanto es para sentir orgullo de esta tierra andaluza, así como de otras, como Extremadura, quien elevó los tangos gitanos al culmen del mismo modo que Cataluña lo hizo con la rumba gitana. Es como decimos una jornada para sentir la satisfacción de ver cómo el Flamenco sigue batiendo récords, convirtiéndose en 2020 en uno de los géneros con mayor número de reproducciones en plataformas como Spotify, alcanzando reconocimientos como los Grammys Latinos o llenando teatros en Estados Unidos, Alemania o decenas de países de Latinoamérica, amén del consabido Japón. Ayer lo hicieron Fernanda, Bernarda, Camarón o La Paquera de Jerez y hoy lo hacen artistas como El Granaíno, Israel Fernández, Jesús Méndez, María Terremoto, Farruquito y una lista interminable de artistas que traspasan nuestras fronteras para llevar el cante grande a cada rincón del mundo. Sentimos orgullo de ellos y ellas.

También esta jornada debe servir para reflexionar, pues al igual que sucede cada 22 de noviembre, no debemos caer en la autocomplacencia y en el error de que todo lo relacionado con el mundo del Flamenco está en un punto álgido y menos ahora con una pandemia económica, social e incluso de pensamiento que ha puesto en evidencia que quienes peor lo pasaban antes, ahora sufren los coletazos de esta crisis mundial. El cierre continuado de tablaos y la suspensión de múltiples actividades culturales de las Peñas Flamencas están produciendo una catarata de ceses de contratos y pérdidas cuantiosas para estos y estas profesionales.

Además de ello y en los prolegómenos de esta crisis que nos azota, asistíamos a la proliferación de diversas teorías que inciden en la desgitanización del Flamenco en los órganos de decisión. Consejos y comisiones organizativas de todo tipo de eventos culturales flamencos persisten en la idea de no contar entre sus filas con ninguna persona gitana, que sin embargo son protagonistas en los escenarios. Es decir, nos encontramos ante una fórmula más de antigitanismo institucional. En derecho procesal hay una expresión latina que dice lo siguiente: «Quod non est in actis non est in mundo», la cual se traduce como «lo que no está en las actas, no está en el mundo». En el Flamenco sucede con lo gitano. Si no está en los órganos de decisión no existe, tal y como sucedió hace diez años entre las firmas que llevaron al Flamenco a convertirse en Patrimonio Cultural de la Humanidad o tal y como continúa sucediendo en tantos y tantos organismos alrededor del Flamenco.

Sería inimaginable  pensar en el desarrollo de comisiones u órganos de promoción del Blues o del Jazz sin contar con personalidades negras con la suficiente formación como para representarse a sí mismas. Con lo gitano y el Flamenco sí es posible, pues sólo pareciera existir para el folclorismo y no para lo político y lo académico. Así continuamos reproduciendo la imagen clásica del gitano cantando mientras el señorito lo observa desde su silla por cuatro monedas, que tantas veces hemos visto en el cine y que tantas otras ha sido una realidad tangible. No está el Flamenco en las escuelas, pese a las apuestas desde ciertos centros educativos. Entre esas apuestas se contó con FAKALI para desarrollar entre las sesiones que desempeñamos una serie de seminarios para los y las más pequeñas, quienes comenzaron a diferenciar los palos y acercarse al cante a la vez que adquirían conocimientos de historia, música o literatura. Desgraciadamente quedan en apuestas de las directivas de los centros educativos, pero continuamos a la espera de una legislación al respecto.

Si nos sigue faltando Flamenco en las escuelas dentro del currículum educativo, si lo gitano no está en los centros de decisión sobre el Flamenco no es extraño que a las nuevas músicas que proliferan hoy continúen autodenominándose “Flamenco” o bien se apoyen en su propio nombre para el beneficio personal. Entre esa crisis identitaria nos encontramos una parte mediática que escribe tribunas de flamencología y que a la vez propone “aislar a las 3.000” en mitad de una pandemia. Esa parte mediática no pide sin embargo el cumplimiento de planes de intervención o promoción del Flamenco en una de las zonas que mayor número de artistas flamencos ha dado al mundo, que es el Polígono Sur de Sevilla. Esa parte mediática también se olvida demasiadas veces de titular con respeto a la memoria de los que se fueron, como recientemente ha sucedido con Parrita o con La Susi, mientras que la otra directamente ni siquiera los nombra.

Como decíamos al principio, es una jornada de conmemoración para mayor gloria de nuestra cultura, que es la gitana y la andaluza cuya simbiosis ha dado la creación de este patrimonio que ya es mundial, amén de haber formalizado una fuente económica y un yacimiento de empleo por todo el mundo. Por ello invitamos a la reflexión de los organismos implicados en la promoción del Flamenco, pues no se entendería sin lo andaluz y por supuesto, sin lo gitano. Sin esta mezcla faltarían cuerdas a la guitarra, compás en las bulerías, yunques en las fraguas y lunares en esta tierra. Faltaría por tanto Morón, Utrera, Lebrija, Osuna, Triana, la Alameda, el Sacromonte, Santiago, San Miguel…Todos ellos ejemplos de inclusión gitana y todos ellos indispensables en el Flamenco.

 Feliz día internacional del Flamenco.